Lámina “David Bowie – Changes”

11,95

-Tamaño: 330×250 mm (incluyendo paspartú).

-Impresas sobre papel satinado Canson de 320 gr.

-Numeradas del 01/200 al 200/200, y firmadas por el autor de las ilustraciones.

-Incluye separata con el artículo “David Bowie: Changes” de Amadeu Sanchis impreso.

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Descripción

David Bowie: Changes

por Amadeu Sanchis

Aunque la historia, especialmente la moderna y la contemporánea, nos ha demostrado que los procesos de cambios políticos, sociales o culturales son siempre realizados por protagonistas colectivos, también nos ha enseñado que siempre hay excepciones. El rock and roll rompe ese esquema desde su mismo nacimiento, gracias a una serie de estrellas rutilantes que desafían las costumbres establecidas, inamovibles incluso durante la postguerra, si bien es cierto que se habían sembrado las semillas para los cambios que se avecinaban.  La estética de las bandas o los solistas, con la moda accesible por primera vez a las masas, juega un papel tan fundamental como la propia música (o incluso más). Miles de jóvenes se identifican con unos ídolos, que además escapan muchas veces al control de sus discográficas, volando por libre, vistiendo y opinando sobre todo lo que consideran, y aunque las más de las veces sea irrelevante aquello que piensen, influirán en más gente que el más granado de los discursos del político más afamado.

Es aquí donde aparece la figura absolutamente hegemónica de David Bowie, rompiendo los moldes que han quedado en pie después de la década convulsa de los sesenta. Será, por tanto, en la década siguiente cuando el Duque blanco establecerá su reinado indiscutible, y aunque la polémica no le sea ajena, la sorteará con una maestría y una fortaleza que animará a otras muchas personas, músicos o no, a transgredir los limites sistémicos de la sexualidad heteropatriarcal.

Los cambios fueron la constante de este músico británico de clase trabajadora, nacido en el Distrito de Brixton, al sur del gran Londres.  Desde aquel muchacho mod que deambulaba por el Soho a mediados de los sesenta hasta su sempiterno elegante traje de los últimos años de su carrera, Bowie irá anunciando en cada portada de sus nuevos álbumes una revolución estética que golpeará cada prejuicio moral hasta hacerlo añicos.

Desde “The Man Who Sold The world” con aquel vestido de mujer extrañamente masculino, contemplamos no una evolución del músico londinense, sino una apuesta radical por el cambio permanente, conforme a su elección. Marca los tiempos como nadie había hecho hasta ese momento. Da igual que “The Jean Genie” sea un rock and roll trepidante de guitarras afiladas y distorsionadas, en Bowie es provocación, ruptura, la apuesta porque no hay vuelta atrás.  Es la estrella de rock extraterrestre que deambula por “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars”, o mutando con un rayo rojo y azul diviendo su rostro en “Aladdin Sane”. Mitad humano mitad animal en “Diamond Dogs” o arlequín picassiano que rompe con la estética punk del momento en “Scary Monsters”. En “Let´s Dance” es el estilo. Y de nuevo, vuelta a sus orígenes mods con la Union Jack como gabardina única en “Earthling”.

David Bowie, el artista en cambio permanente, que como nadie se retrataría a si mismo saliendo de la niebla, mitad imagen mitad reflejo, con su cazadora de cuero, su mirada penetrante y diciéndonos que podemos ser héroes, aunque sea un día nada más.

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