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Nuevo modelo: Plaza del Doctor Collado

Plaza del Doctor Collado

Plaza del Doctor Collado

La recoleta Plaza del Doctor Collado se encuentra detrás de la Lonja. Flanqueada por viejos y desconchados edificios, todavía mantiene cierta atmósfera medieval, de los tiempos en que en ella se alzaba la lonja del Aceite; un viejo y retorcido olivo aún perdura como reminescencia de esos lejanos días. Son varios los antiguos comercios que continúan ofreciendo sus productos y servicios en la plaza; de entre todos ellos, dos compiten por atraer la atención del caminante: la tienda de telas metálicas "Hija de Blas Luna y la Numismática "La Lonja": en mi caso, este último sale siempre vencedor. Es por ello que le he querido dedicar uno de los primeros modelos de la colección de láminas y cuadernos dedicada a Valencia.
Siendo un crío, solía acompañar los domingos a mi padre, aficionado a la numismática, a las puertas de la Lonja. Allí pasaba horas curioseando entre los puestos de monedas y billetes, mientras yo hojeaba, sentado en las escaleras, los tebeos que previamente habíamos comprado en los tenderetes de la cercana Plaza Redonda. Finalizado el recorrido, nos acercábamos hasta la plaza del Doctor Collado a tomar algún refresco, antes de emprender la vuelta a casa. Yo siempre me detenía frente a la fachada de "La Lonja", fascinado por el enorme reloj enmarcado en madera, de más de un metro de diámetro, con sus agujas siempre detenidas a las 4:30. En aquel entonces ignoraba yo que aquel reloj había sido comprado por José Calduch, que había abierto allí un negocio de relojería en los primeros años del siglo XX. Le sucedió su hijo, que mantuvo la relojería hasta los años ochenta; cuando finalmente cerró, el, local fue ocupado por el actual negocio de numismática. Afortunadamente, los nuevo inquilinos tuvieron el buen gusto de respetar el viejo reclamo del señor Calduch.

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L’Esperit del Cabanyal

L'Esperit del Cabanyal

Ya ha llegado a las librerías L'Esperit del Cabanyal, un libro de mi buena amiga Teresa Sanchis Labiós en el que he tenido la suerte de colaborar con algunas ilustraciones.
El libro cuenta las peripecias de Guillem, un chico de 10 años que tratará desesperadamente de impedir la demolición del barrio de sus abuelos, el Cabanyal. Para ello, y ayudado por un misterioso espíritu, emprenderá un viaje en el tiempo al Cabanyal de Blasco Ibáñez y Sorolla. Allí tratará de encontrar las cuatro claves mágicas que salvarán al barrio de su destino fatal.
Publicado por la editorial Bullent dentro de su colección "Llibres del gat en la lluna", el libro está destinado a lectores mayores de 10 años.

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Celebramos San Valentín con un nuevo modelo

¡Este año hemos querido celebrar San Valentín a lo grande!Por ello, hemos confeccionado especialmente para esta fecha una nueva lámina, a la que hemos llamado "Muack!". Este nuevo modelo está inspirado en una de las más espectaculares fachadas de la calle de la Reina, la del 173, actualmente Taska la Reina. Está formada por un mosaico donde predomina el color blanco, en el que se combinan diversos motivos geométricos, así como unos pájaros posados sobre una rama.
Si paseas por el barrio y te quieres empapar del encanto de sus casa modernistas, tienes un cita inexcusable con esta fachada; te sorprenderá por muchas veces que te detengas a contemplarla.

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Ilustración para la Tahona del Abuelo

Estas últimas semanas hemos realizado una ilustración para la Tahona del Abuelo. Ha sido un placer colaborar con uno de los establecimientos con más solera del Cabanyal: ¡nada menos que 130 años y cinco generaciones de panaderos artesanos!Una cifra que lo que lo convierte, por tanto, en uno de los comercios más antiguos de toda Valencia. Y es que la Tahona del Abuelo es, para todos los que vecinos de los Poblados Marítimos, sinónimo de calidad; de pan artesano y bollería casera; de conservación de las raíces tanto como de innovación. Desde BarracaCrafts les felicitamos por ese aniversario tan especial, deseándoles la mejor de las suertes en sus futuros proyectos.

Ilustración para la Tahona del Abuelo
Ilustración para la Tahona del Abuelo
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La Piscina

Era l’única que teníem a prop. És cert que el mar era molt més gran. Cinc quilòmetres de platja per a nosaltres. Però no ens deixaven ni acostar-nos. Podríem perdre’ns o el que era pitjor, enxampar una insolació. En canvi, en la Piscina de les Arenes hi havia un sostre corregut de canya que donava una bona ombra. I per la vora es passejaven uns socorristes gruixuts i grans, menys atlètics que els de ara, però més forts. Manolita, Ana i jo esperàvem amb ànsia cada estiu des que complim els 13, per a banyar-nos en aquella piscina d’aigües calfades pel sol i per la massa de gent que l’abarrotava, tant que a voltes era veritablement difícil arribar a la riba per a agarrar-se quan no fèiem peu.

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